Rueda
Todo gira a un ritmo que me roba el sentido.
Todos opinan, todos dicen hablar desde el cariño, pero una se siente constantemente cuestionada.
El dolor golpea sin pedir permiso y las lágrimas saben a sangre.
La vida duele.
No avanzas, no aprendes, no respiras.
Te juzgan desde el amor, te hablan sin pedir perdón ni permiso, y tu vulnerabilidad se convierte en un nudo en la garganta.
Empiezas el año marcando límites y recibes los primeros portazos en la cara.
Se aprovechan de ti, leen sus cartas con libertad y te recuerdan que, a pesar de haber cumplido sueños, sigues siendo aquella niña de la que un día se rieron.
No puedes más.
Ya no puedes más.
Te hablan con el corazón en la mano sin ver que el tuyo grita buscando un abrazo de paz. Ese abrazo que prometen, pero nunca llega. Porque una vez más estás sola.
Delante de mí hay fotos que muestran sonrisas, “amigos” que se marcharon cuando todo se volvió gris. Las miro con nostalgia, incapaz aún de aceptar lo que pasó.
Siempre estás apagando fuegos. Sonríes, solucionas, abrazas…
Pero también mientes para no mostrar tu verdad.
Porque ya te han dejado demasiadas veces por mostrar tu corazón.
Y los únicos que nunca lo hicieron, ya no están.
Estás sola… aunque te digan que no.
Estás sola.
Nadie te querrá como ellos. Nadie secará tus lágrimas cuando caigas al suelo rota de dolor.
“Confía en Dios”, te dicen.
Pero tú necesitas respuestas, no palabras vacías.
Necesitas soluciones.
Necesitas respirar sin que duela.
Necesitas sentirte cuidada, protegida, respetada.
Necesitas dormir y despertar cuando todo esto haya pasado.
Necesitas creer de verdad que hay salida.
Porque ahora mismo no la ves.
Pero incluso en medio de este cansancio infinito, algo dentro de ti sigue escribiendo.
Sigue buscando sentido.
Sigue hablando con la vida aunque esté enfadada con ella.
Y quizá eso también sea esperanza.
Quizá la esperanza no sea sonreír, sino seguir aquí.
Quizá no sea tener respuestas, sino no rendirse del todo.
Quizá no sea ver la luz, sino no apagarla.
Queridísima vida, hoy me dueles.
Pero aún me quedo.
Aún respiro.
Aún escribo.
Y mientras escriba, todavía hay camino.



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